La vida sencilla

La vida sencilla

por Emilio Carrillo

Entre buscadores creo que sabemos perfectamente lo que es la vida sencilla. En otros contextos tal vez hay que dar más explicaciones al respecto. En esos contextos a uno se le va la cabeza al campo, a imágenes bucólicas, a las ovejitas pastando, a los manantiales, a los animales corriendo en el césped… lo cual está muy bien. Ahora bien, la vida sencilla es eso, pero es mucho más que eso. La vida sencilla tiene que ver con cómo afrontamos nuestra vida cotidiana, de instante en instante, a lo largo de cada día, cada semana, cada mes.

Buscando una definición de vida sencilla, ninguna mejor que la que nos ofreció San Francisco de Asís, cuando sintetizó aquello tan maravilloso de “necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco”. No hay mejor manera ni más sintética de expresar lo que es la vida sencilla. Necesitar poco. Y lo poco que se necesita, necesitarlo poco. Cuando estas bellas palabras de San Francisco las ponemos en contraste con la realidad que nos rodea, no encajan mucho ¿verdad? Porque por los motivos que sea, en el repiqueteo del repiqueteo del movimiento, nos hemos acostumbrado a todo lo contrario. Necesito mucho y lo mucho que necesito, lo necesito mucho. Y además lo necesito rápido, urgente, cuanto antes, ya. Tarjeta de crédito, préstamos, hipotecas, lo que haga falta con tal de tener eso que necesito, que lo necesito tanto que lo necesito ya. Si fuera una cosa, pero es que necesitamos muchas cosas. Es la antítesis, la antípoda de la expresión de San Francisco.

Estoy convencido que como todo acontecimiento exterior tiene razones y orígenes en el interior, lo que está ocurriendo hoy en el exterior, lo que tiene que ver con la situación económica y que repiquetea en los medios de comunicación, está muy ligado a una especie de golpe de estado de nuestro ser interior, que ha dicho “se acabó”. Se acabó la pérdida de rumbo tan tremenda que hemos tenido. El creer de verdad que se puede ser feliz acumulando. Se puede ser feliz centrando nuestro corazón, nuestro tesoro en el exterior. Hoy día son millones de personas las que, debido a la bendición de la crisis, están poniendo sus ojos hacia el interior y están comprobando, están recordando que en el exterior no está, ni mucho menos, aquello que nuestro corazón ansía. Que está dentro de nosotros mismos. Esa vida sencilla es una vida que no sabe de acumular. Es una vida ajena a estar permanentemente consumiendo. Es una vida totalmente distinta a la del modelo de sociedad que entre todos hemos establecido. Pero ahora, muchos de nosotros, desde nuestro interior, simple y llanamente queremos desconectarnos de dicho modelo. Posiblemente porque ya nos hemos cansado. Posiblemente porque ya lo hemos vivido y queremos vivir de otra forma Porque hemos visto y hemos comprobado que por ahí no va el camino de la verdadera felicidad. Que eso es un mal sucedáneo de la felicidad. Y que  detrás de esos comportamientos y esas conductas, finalmente lo que hay es mucho dolor. Mucha frustración. Y desde luego mucho repiqueteo que nos termina rompiendo la paz y la armonía interior.

Y también dentro de la vida sencilla hemos ido comprobando la importancia que tiene el ritmo de vida. Por influjo de la sociedad, que es nuestra proyección, hemos creído que el secreto de la vida está en hacer muchas cosas y lo más rápidamente posible. Cuantas más cosas, y lo más rápidamente posible, mejor. Hasta el punto que cuando en un día cualquiera ocurre esa bendición de tener unas cuantas horas en las que no tenemos nada que hacer, hasta nos asustamos. Y no solamente nos asustamos, sino que por las escalas de valores que no son nuestras, pero que hemos terminado interiorizando, nos minusvaloramos. “Pues ¿qué me está pasando, la gente no cuenta conmigo, la gente no me quiere, me están ninguneando, no me están valorando?” Porque cuando uno tiene una serie de horas libres, en las que no tiene ningún compromiso, ni nada que hacer, a veces tenemos la sensación que eso nos empequeñece. Como si la sociedad nos estuviese mal mirando. En lugar de percibir la importancia que en la vida tienen los espacios de soledad. Hablaremos más de ello al referirnos a los espacios de silencio.

No se nos olvide que nuestros idiomas tienen raíces muy profundas y las palabras están llenas de connotaciones. Que no se nos olvide lo que hay detrás de la palabra soledad. Que es ni más ni menos que la edad del sol. Sol-edad. La madurez, la plenitud; una plenitud que se alcanza cuando en la vida cotidiana se saborea esa edad del sol, esa sol-edad. No digo con eso que estemos todo el día debajo de la cama. Pero si digo que a nuestro ritmo de vida tenemos que enderezarlo por un camino, por una vía que no sea la de estar continuamente haciendo cosas. Un culto a la velocidad basado en hacer cuantas más cosas mejor y lo más rápidamente posible. Esto nos genera estrés. Nos genera ofuscación. Y con el paso del tiempo, inevitablemente depresión. Inevitablemente.
Terminamos agotados de ese ritmo incesante. De ese correr continuamente. Terminamos agotados físicamente, terminamos agotados mentalmente. El ritmo de vida sencilla conlleva eliminar de la agenda todo aquello que podamos eliminar. Y estoy convencido, yo primero, que podemos eliminar muchas cosas de la agenda. No discuto que hay cosas que no se pueden eliminar, pero el día tiene 24 horas. Y seguramente en esas 24 horas hay muchas cosas prescindibles. La vida sencilla conlleva eliminar, podar esa agenda. Instalar allí espacios que no estén ocupados y donde podamos desarrollar un arte muy antiguo y muy olvidado, que es el arte de no hacer nada. A veces a los artistas se les echa en cara que no hacen nada. Y los artistas -todos somos artistas, cada uno con sus talentos- sabemos que es precisamente en el momento en que no se hace nada, cuando la creatividad se expande. Es en eso que llamamos “no hacer nada” cuando la creatividad y los talentos que tenemos en nuestro interior, se abren, se expanden y se desenvuelven. Esos talentos a los que no les damos oportunidad. Los tenemos ahí atrincherados por nuestro ritmo incesante de vida.
La vida sencilla es una práctica que, coincidiréis conmigo, no es trabajosa, ¿verdad? Al contrario. Eliminar trabajo, eliminar esfuerzo, vivir más plácidamente, vivir más sosegadamente, vivir en mayor armonía. ¿A quién no le gusta eso? Y como corolario, la vida sencilla conlleva el hacer lo que a uno le gusta e intentar no hacer lo que a uno no le gusta.
Coincidiréis conmigo en que tampoco debe ser tan difícil ¿no? Hacer lo que a uno le gusta y no hacer lo que a uno no le gusta, no parece que sea una gran carga. Bueno, pues repasad vuestra agenda, por favor. Y yo la mía. Y nos podemos encontrar con la sorpresa que la tenemos llena de cosas que no nos gustan hacer. Y sin embargo que poquitas cosas hay en ella que brillen porque nos gusten hacerlas. ¿Es una subversión de valores? No. Desde el punto de vista exterior, la sociedad lo puede llamar así. Desde el punto de vista consciencial y espiritual, es simplemente tener coherencia con lo que realmente somos. No se trata de subvertir nada. Se trata simplemente de vivir acorde con lo que somos. En coherencia con lo que somos.

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