El cautiverio

Como toda persona amante de los animales -pero de un modo equivocado- de chica frecuente zoológicos y entre otras cosas, fui a Mundo Marino.

Me fascinaba la idea de poder ver una orca o un delfín en vivo y que me salpique el agua luego de un gran salto. Pero claro, no entendía ni remotamente lo que significaba para ese majestuoso animal que yo pudiera verlo saltar. La publicidad engañosa con animales “felices” y la costumbre de mirar animales encerrados en los zoológicos no me dejaban ver lo que había detrás.

También es muy común en la industria de explotación de animales para espectáculos, humanizarlos y hacernos creer que si algo es divertido para nosotros, también es divertido para ellos. Un delfín saltando contento y pegándole a una pelota no puede estar mal, salvo por el hecho de que es un delfín y no una persona y que si ese delfín tuviera la posibilidad de elegir, no estaría encerrado en una pileta entrenando todo el día para pegarle a una pelota, sino nadando el mar y haciendo cosas de delfines.

Eso que parece diversión disfrazada para humanos, es puro sometimiento. Un animal con ropita haciendo alguna “payasada” no es divertido, tiene un costo enorme de encierro, de entrenamiento, de desnaturalización y soledad. Es un animal frustrado a quien no dejamos ser y a quien obligamos a hacer el ridículo para divertirnos un ratito y seguir de largo, mientras que el se queda ahí, repitiendo día tras día su triste acto.

 Lo mismo ocurre con los animales de los zoológicos. Nos gustan tanto los animales, que los queremos poseer para así poder verlos de cerca y admirar su belleza, aunque eso sea a costa de su propio bienestar y les cueste una vida de pura infelicidad ¿qué ironía no?

La orca de la ilustración es Kshamenk, es la última orca en cautiverio de Latinoamérica y vive en el parque acuático “Mundo Marino” en San Clemente del Tuyú desde hace más de 20 años.

Pasa absolutamente todos los días de su vida solo, dando vueltas en una pequeña pileta y los pocos minutos que pasa a una pileta más grande, es cuando llega el momento del espectáculo.

Kshamenk da aproximadamente 500 vueltas a la pileta por día. Esa conducta obsesiva y repetitiva es producto de una enfermedad que suelen padecer los animales que son sometidos a una vida de cautiverio, la Zoocosis. El encierro, el estrés, la soledad y el hastío desarrolla en los animales una especie de neurosis que los lleva a tener conductas repetitivas y estereotipadas. Un claro signo de sufrimiento del animal.

Como cuenta en la nota sobre zoocosis de Anima Naturalis, Esta patología fue acuñada por el zoólogo,  Bill Travers. El creó ese término para referirse al comportamiento anormal de los animales de los zoos, apuntando que podría ser la prueba de que el cautiverio conduce a la neurosis.

Si un animal no tiene control sobre su entorno y no puede ejercitar su cuerpo ni estimular su mente, empieza a desarrollar una serie de comportamientos repetitivos o “estereotipados”. La zoocosis puede presentar los siguientes síntomas:

  • Deambular constantemente: caminar de arriba a abajo, siguiendo el mismo recorrido sin cesar. Pueden presentar este comportamiento los felinos y los cánidos.
  • Dar vueltas en círculos: es una forma de deambular incesantemente.
  • Lamer repetitivamente: las paredes, barrotes o las puertas de la jaula. Las jirafas suelen presentar este comportamiento.
  • Morder repetitivamente
  • Girar el cuello de forma antinatural: suele ser característico de los primates en cautividad.
  • Balancearse: balanceo constante de lado a lado mientras permanecen de pie. Se puede observar en elefantes.
  • Mecerse: balancearse hacia delante y  hacia atrás de forma obsesiva, a veces sentados y abrazados a alguna cosa. Suelen presentar este comportamiento los simios.
  • Apatía: pasividad y falta de reacción a los estímulos. Esto suele ser causa de la marginación y la separación forzosa de sus grupos sociales.
  • Agresividad: hacia objetos, animales o personas
  • Automutilación: los animales que sufren zoocosis pueden auto-infligirse daños como morderse la cola, las extremidades, o golpearse la cabeza contra la pared.
  • Coprofília: modo antinatural de comer y jugar con los excrementos.

Si un animal presenta alguno de estos comportamientos “estereotipados” quiere decir que está en un estado de estrés continuo y que por lo tanto no tiene las condiciones de vida necesarias para su bienestar.

La zoocosis se puede detectar no sólo en animales del zooógico o el circo, sino también en animales de granja, en laboratorios o en otras situaciones de cautividad. Sin embargo, este tipo de comportamientos anormales y obsesivos NO se dan en la vida salvaje. Por ejemplo, los elefantes, en estado natural, recorren hasta 20 km al día, se bañan y comen mucha variedad de alimentos, además de establecer unas relaciones sociales complejas con el resto de su grupo.

Si a vos o a tus hijxs les gustan los animales salvajes, miren documentales, disfruten de verlos libres en sus hábitats, no dando vueltas tristes en una pileta, con la vida y la aleta caída. 

Nosotrxs vamos y venimos, pero ellos se quedan siempre ahí. 

El cautiverio no es una opción, el cautiverio enferma y mata.

Por favor, no financies explotación animal

2 comments on “El cautiverio

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